Por(no) educar: la falsa incompatibilidad entre la sexualidad y el trastorno mental.

Ha llegado junio, el mes en el que todo el planeta se viste de colores celebrando y reivindicando la diversidad sexual en todas sus formas de expresión. Por ello, desde Afempes no queremos ser menos y nos sumamos a este desfile reivindicativo poniendo de manifiesto una parte de realidad que ha quedado invisibilizada para las personas que sufren un trastorno mental. En esta ocasión, nos gustaría poner en valor la importancia de la sexualidad y de cómo esta es vivida por las personas que padecen problemas de salud mental. Pero, ¿de qué hablamos cuando hacemos referencia a la sexualidad?

Seguramente, resuenen en nuestras cabezas palabras como sexo, identidades y roles de género, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad, vínculos afectivos, reproducción, etc. Y todos ellos son correctos. La sexualidad es un aspecto central del ser humano que está presente a lo largo de toda su vida y abarca todos estos conceptos. Asimismo, la sexualidad no puede desligarse de los derechos sexuales y reproductivos, los cuales han sido declarados como derechos humanos universales e inalienables.

Pese a que la sexualidad se conforma como una esfera vital inherente a la condición humana, independientemente de la edad, el sexo o cualquier otro condicionante, la moral occidental la ha transformado en un tema tabú, siendo ocultada, rechazada y/o considerándose como algo vergonzoso e inapropiado. No obstante, en los últimos años, la sociedad ha ido transformando esta percepción, poniendo de manifiesto y visibilizando la gran diversidad existente en las formas de experimentar y desarrollar la sexualidad, produciéndose así una amplia aceptación y un fomento del interés en explorar y satisfacer esta necesidad humana.

Sin embargo, para el colectivo de personas con problemas de salud mental graves, la sexualidad continúa siendo juzgada de manera negativa. Piensa si alguna vez has escuchado frases como las siguientes: “las personas con trastorno mental tienen una sexualidad descontrolada”, “no tienen la capacidad para actuar de forma responsable en el ámbito afectivo-sexual”, “no deben tener hijos”, “algunos/as se definen como homosexuales por su enfermedad o por la falta de oportunidades para tener sexo”, etc.

Todas estas afirmaciones, son totalmente erróneas, pero han calado en el imaginario colectivo, el cual las asume como propias y las transmite de manera implícita o explícita debido al gran desconocimiento que existe sobre cómo es o cómo viven la sexualidad las personas con trastornos mentales graves. A estas barreras derivadas de la falta de información, se suman otras mucho más directas y que impactan en el día a día de las personas con trastorno mental. En ocasiones, es el entorno próximo de estas personas en el que impide la vivencia de una sexualidad plena y saludable. Por ejemplo, la marginación y el aislamiento social impiden que tengan oportunidades para establecer relaciones afectivo-sexuales, la falta de privacidad en algunos entornos excesivamente sobreprotectores produce menor intimidad y menos ocasiones para disfrutar de la sexualidad, etc.

Algunos resultados de las investigaciones presentadas en el año 2020 en el XXI Congreso Virtual de Psiquiatría, Psicología y Enfermería en Salud Mental son muy ilustradores a este respecto, evidenciando que las personas con problemas de salud mental tienen menos conocimientos sexuales a pesar de necesitarlos en mayor medida; esto, a su vez, provoca que participen en mayor medida en conductas sexuales de riesgo (pudiendo llegar a ser víctimas de abuso y/o agresión sexual). Asimismo, tienen una baja autoestima en materia de sexualidad y refieren una baja satisfacción en el área afectivo-sexual, estableciendo escasas relaciones de pareja o amistad y manifestando, por ende, intensos sentimientos de soledad.

Fuente: Consejería de Salud y Servicios Sanitarios del Principado de Asturias (2011)

A modo de ejemplo, si nos centramos tan solo en las personas diagnosticadas de esquizofrenia, casi 2/3 de las mismas conceden mucha importancia a su sexualidad, pero tan solo 1/3 se muestra satisfecha con la misma.

En resumen, la preocupación del entorno cercano e, incluso, la de los especialistas, no dan cabida a la sexualidad, centrándose en aspectos de autocuidado y de corte ocupacional. La premisa de que las vivencias sexuales satisfactorias mejoran la calidad de vida de estas personas habitualmente se infravalora o desestima y, por ende, no se potencia que posean relaciones consigo mismos/as o con iguales que garanticen un desarrollo pleno de su sexualidad.

Por ello, es importante recordar que tener un diagnóstico en salud mental no significa que no sea posible disfrutar de la sexualidad de manera plena. Asumir la diversidad, fomentar la validez de cualquier vivencia, promocionar el valor del placer… Todas estas actitudes han de estar presentes y promoverse por parte de todos los agentes sociales implicados en el área de la salud mental para cambiar el enfoque en torno a la sexualidad del colectivo.

La sexualidad es fuente de salud, bienestar y vida, además de expresión de comunicación, amor y afecto: que no se nos olvide, ni este mes ni ningún otro.

 

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